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EL CALZADO IDEAL (I)
Por Alberto
Cabaleiro
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Roma,
Italia, 10 de setiembre de 1960
Como era
tradicional para la época la prueba del maratón cierra
los Juegos Olímpicos. Si bien se trataba de los
primeros juegos completamente televisados todavía la
televisión no había ganado el poder que luego, ya en
esta década, le ha permitido cambiar horarios o
presionar para ello, modificando un esquema que había
surgido de los tiempos fundacionales y por razones más
románticas. El maratón de estos juegos tenía dos
características que lo hacía distinto a otros
anteriores, por primera vez se corría de noche y no
finalizaría en el estadio olímpico. La noche romana
con sus luces y sus calles empedradas le ponía su
inolvidable sello propio que sumaba al dramatismo de la
carrera. La competencia se había planteado rudamente
desde el principio, cambiando radicalmente la táctica
con que se solía encarar la prueba por esos años en la
que todos esperaban simplemente que los rivales fueran
cayendo. Esta vez se había corrido fuerte desde el
principio y la mayoría de los aspirantes al oro
olímpico habían visto diluirse sus posibilidades
conforme avanzaba la prueba. Sin embargo, transcurría
el kilómetro cuarenta con los dos punteros
aproximándose a la meta y aún no se podía dilucidar
quien resultaría ganador. Recién en el último
kilómetro un atleta africano desconocido para los
europeos de la época se desprende de su enconado rival
marroquí para encaminarse hacia la gloria olímpica.
Gana el maratón con un tiempo de 2:15’15", mejor
registro olímpico y mundial, convirtiéndose en el
primer atleta que logra quebrar la barrera de las 2:16’.
Se trata del atleta etíope Abebe Bikila un soldado de
la guardia real de su país que protagoniza la
irrupción del naciente atletismo africano al mundo de
la gran competencia y el primero de sus dos éxitos
olímpicos en maratón. Bikila no solo gana en gran
forma sino que además y para el asombro de sus
contemporáneos lo hace corriendo descalzo. Corredor de
un talento natural superlativo, como casi todos los
corredores que surgían y surgen de su país o como sus
vecinos y rivales keniatas, pasó casi toda su infancia
caminando y corriendo descalzo y solo después y ya
proyectado como corredor de nivel internacional comenzó
a usar calzado para correr. Llevaba ya al momento de los
juegos de Roma más de nueve años acostumbrado al uso
del calzado deportivo, sin embargo elige correr descalzo
porque según sus palabras "..quería demostrarle
al mundo que su país, Etiopía siempre había ganado
con determinación y heroísmo". Ideas de un
nacionalismo, quizá de otros tiempos, pero que
seguramente solo podía llevar a la práctica alguien
que había pasado buena parte de su vida transitando por
la vida sin más calzado que su propios pies desnudos.
De todos
modos y aún para este formidable atleta, correr sobre
el empedrado de la Vía Appia romana fue demasiado y ya
en el maratón de Tokio, cuatro años después, se lo
ve calzando zapatillas justificadamente, quizá no solo
desde su propia necesidad anatómica sino también como
otro acto publicitario más, solo que esta vez menos
idealista. Quedará para otro momento recordar la nueva
y heroica gesta de Bikila en esos juegos en los que
consigue , otra vez, ganar el maratón olímpico con
nuevo mejor registro mundial y olímpico luego de que
todos pusieran en duda sus posibilidades a solo seis
semanas de haber sido operado por una apendicitis.
Desde
aquellas épocas se han visto muchos grandes corredores
descalzos, especialmente entre los juveniles africanos
sin olvidar por supuesto la impactante aparición de la
jovencísima sudáfricana Zola Budd a mediados de la
década de los 80 con grandes actuaciones en pista y en
cross country.
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El uso del calzado quizá pueda remontarse
a la misma prehistoria humana y tal vez la extensión de
su uso a las distintas actividades de nuestra cultura
sea solo una consecuencia natural. Pero ¿debemos
considerar al calzado deportivo solo como una probable
consecuencia de los usos y costumbres humanas, hasta
como un prejuicio, antes que una necesidad objetiva y
concretamente justificada? Que no veamos más corredores
descalzos ¿es solo una consecuencia de la formación o
deformación que nuestra cultura ejerce sobre sus
integrantes, incluyendo naturalmente la fuerte presión
publicitaria que realiza la industria del calzado
deportivo, una forma más en que nos afecta la sociedad
de consumo? |
La observación de la experiencia de grupos
humanos diversos nos pueden ayudar a ubicarnos en distintos puntos de vista y
enriquecer nuestra interpretación de los hechos. Que la mayoría de los
corredores kenianos hayan crecido descalzos es una dato fuerte. Que muchos
estudios modernos indiquen que la costumbre de andar descalzos desde niños
contribuye a una mejor salud anatómica y biomecánica, también. Pero no
podemos soslayar el hecho contundente y decepcionante a la vez de que casi
ninguno de nosotros, quien redacta y quienes leen, por no decir sencillamente,
casi nadie en nuestro país, se ha formado caminando siempre descalzo desde su
infancia. Esto significa que por el contrario nuestros recursos anatómicos se
han formado en la mala costumbre del calzado y probablemente ya de adultos no
podamos recuperar los pies sanos que deberíamos haber tenido. Esto último
constituye según mi entender la causa principal en el desarrollo de pies
funcionalmente imperfectos en el grueso de la población. Por otro lado, muchos
individuos, independientemente de este factor y por razones congénitas,
desarrollan pequeñas alteraciones anatómicas que sin llegar a ser
discapacitantes para la vida diaria si generan inconvenientes para la práctica
deportiva. Entonces para la gran mayoría que por una razón u otra tienen
vedada la posibilidad de practicar la carrera descalzos el calzado deportivo es
una necesidad real e ineludible independiente de los condicionamientos de la
sociedad.
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Estática del apoyo: La huella
plantar
Antes de hablar de las particularidades
del calzado para correr debemos saber como es un pie
sano y como se comporta en la función de la carrera. Por
comparación contra ese modelo podremos profundizar en el
conocimiento de las distintas variantes de pie que no
son funcionalmente perfectos y que dan lugar a problemas
en la práctica deportiva. Finalmente el calzado será el
elemento que le permita tanto al corredor que tiene la
fortuna de unos pies sanos como a aquel que no,
sobrellevar los rigores de la práctica deportiva con el
mejor éxito y la menor posibilidad de lesión. |
"Un
gigante con los pies de barro" se suele decir
cuando se quiere ilustrar con la frase que alguien o
algo está sostenido sobre una base endeble. Y si la
metáfora es clara, es porque sabemos comprender bien
cuando se habla de algo que a todos nos resulta natural.
Nos sostenemos sobre los pies tanto al estar parados
como cuando marchamos o corremos. Sobre ellos
transmitimos la fuerza en el salto, pero también en
toda otra actividad de fuerza en la pongamos en juego
nuestra estabilidad. En nuestra reciente, desde el punto
de vista evolutivo como especie, postura erecta y
bipodal actuamos un casi milagroso juego de equilibrio
para no desplomarnos sobre el suelo. Y entre el resto de
nuestros cuerpos y el mundo solo contamos con nuestros
pies. Por eso nuestros pies o como nos apoyemos con
ellos resultan tan importantes.
El pie es
una estructura anatómica de 26 huesos, un número mayor
de ligamentos que los relacionan y tendones y músculos
que conforman su funcionamiento. Se suele pensar al pie
como un área de contacto con el suelo, sin embargo para
una correcta función este contacto debería estar
limitado a solo tres "puntos" dando lugar a un
área de apoyo virtual triangular. Para que esto ocurra
debe haber zonas de su superficie levantadas y otras en
franco contacto con el suelo. Algunas de estas zonas
más elevadas nos son familiares y a una de ellas la
llamamos arco plantar, tipicamente la superficie
inferior del pie que está en la mitad interna; con
propiedad se le debe llamar arco interno o medial. Sin
embargo existen otros arcos plantares que conforman en
el pie sano este apoyo tripuntual. Se trata de los arcos
plantares externo o lateral y el transversal. Los arcos
no son el resultado de formaciones óseas estáticas tal
como puede ser la curvatura de una costilla o la
concavidad que forma un hueso del cráneo. Se trata de
un abovedamiento que es consecuencia de las tensiones
que ejercen otros elementos anatómicos tales como
ligamentos, fascias y, en una participación no menor,
los músculos. Las tensiones necesarias para mantener el
perfil de estos arcos es tan grande que solo músculos
muy poderosos (y grandes) pueden ejercer las fuerzas que
las causan. Por eso estos músculos no están en el pie
sino en la pierna y actúan a través de cuerdas
llamadas tendones para trasladar su fuerza. Cuando estos
músculos actúan correctamente levantan la posición de
los huesos del pie y mantienen los perfiles de los arcos
en un grado adecuado, pero cuando fallan en esa función
sobreviene lo que conocemos vulgarmente como "pie
plano". ¿Pero qué es un pie plano? El pie plano
es solo una manifestación del apoyo de huesos del pie
en el suelo que no deberían estar en contacto con
éste. Como el pie forma parte de todo un sistema
integrado de apoyo y equilibrio del cuerpo, las
consecuencias de esta mala alineación de la estructura
de apoyo se sentirán inevitablemente en todo lo que
está apoyado sobre ellas dando lugar a problemas a
nivel de las rodillas (por rotación de la tibia),
caderas y columna vertebral, llegándose a dar hasta
síntomas de dolor a nivel de la cabeza.
Una de las
formas más sencillas y prácticas para determinar el
estado de los arcos del pie es la observación de la
huella plantar. Cualquiera que camine descalzo con los
pies mojados sobre una superficie plana podrá obervar
sus propias huellas y sacar sus conclusiones. La huella
plantar puede ser categorizada en tres clases distintas.
La del pie normal en la que las superficies en contacto
son las necesarias para un apoyo correcto. La del pie
plano en la que practicamente toda la superficie
inferior del pie hace contacto con el suelo. Y la del
pie cavo en la que el pie toma contacto con el suelo en
una superficie menor que en el pie normal e insuficiente
para un apoyo funcionalmente correcto.
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<<Ilustración
En la figura se pueden observar los
tres patrones principales de huellas plantares. A: Pie
plano, B: Pie normal, C: Pie cavo. |
(Segunda
parte>>>>)
Bibliografía
-
Kapandji, I.A.; Cuadernos de
Fisiología Articular; Editorial Masson; Barcelona;
1993.
-
Rolf, Ida P. ; Rolfing, La integración de
las estructuras del cuerpo humano; Ediciones Urano,
Barcelona, 1994.
-
Rosenbaum, D., Walter, D.,
Effects of orthotics in the treatment of children’s
flatfeet evaluated after two and six months of use,
University of Ulm; *Orthopedie Walter, Oberkochen.
-
Hlavacek, Petr; Fitting
problems of children’s footwear; Technical Univerzity, Faculty of
Technology Zlin, Czech Republic
Nota FCmax:
Por
consultas al autor sobre éste u otros temas publicados
Alberto Cabaleiro por favor comunicarse al TE: 011-
4542-5925 o por e-mail a: actraining@arnet.com.ar
Alberto Cabaleiro (41)
es Entrenador de Atletismo con sobrada experiencia
en la enseñanza de la actividad y eximio atleta. PR
Maratón: 2:37:41
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