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EL CALZADO IDEAL (II)

Por Alberto Cabaleiro

 

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A riesgo de ser simplistas podríamos clasificar a los corredores desde dos orígenes. Aquellos que prácticamente nacen sabiéndose corredores y otros que, un incierto día de sus vidas, ya adolescentes o adultos, descubren que aman esta aparentemente monótona y repetitiva actividad de correr. Para los primeros el correr es algo a veces hasta más natural que caminar. Cuando niños todos sus desplazamientos se resuelven corriendo y el acto les brota del cuerpo casi con tanta urgencia como el impulso del hambre. Es un hambre de correr, de un movimiento que les hace sentirse ilimitadamente libres. Dichosos aquellos que asomaron sus primeros años al mundo viviéndose con la pujanza de animalitos salvajes. En los demás, quizá en todos, existe naturalmente este impulso, pero si la cultura no lo propicia o si se interponen enfermedades, economías de supervivencia u otras calamidades por el estilo, a veces resulta demorada su manifestación hasta bien avanzada la vida.

Como sea que una persona se descubra corredora, un buen día lo hace y se ve enfrentada con todo un mundo nuevo. Toma contacto con otros que comparten su pasión y va comprobando, para su asombro, que lo que parece un deporte obvio sin embargo tiene algunas particularidades que vale la pena considerar para avanzar en él de la mejor manera. Una de las primeras noticias que registra es que para correr bien y sin mayores contratiempos hace falta contar con un buen calzado. Un calzado que a diferencia del que venía usando en su natural ignorancia, esté específicamente diseñado para esta actividad. En un rincón quedarán archivadas las viejas zapatillas de tenis o de volley o de lo que fuera para dar entrada triunfal al soberano calzado de "running" (por favor, mejor digamos de correr ya que nuestro idioma nos lo permite y nadie nos obliga a entregar nuestra soberanía lingüística tan gratuitamente). Y allá va nuestro neófito personaje, con su fácil o difícilmente ganado dinero dispuesto a transformarlo en el ahora necesitado producto. ¿Pero que se encuentra? Es doloroso decirlo, pero 99 de cada 100 veces se hallará frente a alguien que trata de venderle antes que aconsejarle y aún en el improbable caso de que quieran aconsejarle para la mejor compra quien lo intente adolecerá de conocimientos suficientes como para hacerlo con un mínimo de racionalidad y éxito. Consecuencia: solo con mucha suerte, es decir por azar, se llevará el calzado que se adecue a sus necesidades. Vaya este pedido, y más que pedido un ruego, para los administradores de locales de venta de calzado deportivo: por favor, instruyan a su personal de ventas para que además de vender mucho puedan hacerlo bien. Quizá estos modestos escritos puedan, así como mucha otra información disponible, aportar a una mejor preparación de aquellos que son el contacto final entre la industria del calzado deportivo y quienes demandan sus productos con la esperanza de obtener lo mejor por su dinero.

 

La dinámica funcional del pie durante el apoyo en carrera

 

Si bien el método de la huella plantar entrega buena información acerca de cómo resuelve una persona sus apoyos sobre el terreno de ninguna manera agota las posibilidades en cuanto a los medios que existen para aproximarse a un diagnóstico preciso del funcionamiento del pie en carrera. Debido a que la huella plantar es solo una imagen negro sobre blanco del apoyo de los pies sobre el terreno en posición parado solo puede ofrecer una idea de la estática de los apoyos, es decir de los apoyos mientras la persona está quieta. Pero nada nos dice acerca de la dinámica de los apoyos, o sea, como se comporta el pie durante la fase de sostén y empuje en carrera.

Existen otros métodos que nos permiten conocer mejor el comportamiento dinámico del pié desde que toma contacto con el suelo hasta que lo abandona. Uno de estos métodos es el de las fuerzas de contacto, o más apropiadamente, fuerzas reactivas del terreno (GRF, Ground Reaction Forces). Si hiciéramos pasar a una persona corriendo sobre una superficie seca, limpia y plana y la suela del calzado o su planta estuviera impregnada con alguna sustancia que dejara marca – podría ser agua, pintura o talco – obtendríamos una huella de su pisada y podríamos observar el patrón de apoyo, pero ya no desde una posición estática sino luego del movimiento de la carrera. Sabemos, aún por simple observación, que el pie no apoya sobre el terreno todo el tiempo con la superficie completa que deja la huella. Esa huella sería el producto final de toda la secuencia de apoyos que se fue dando desde que el pie tomó contacto con el suelo hasta que lo abandonó. Dependiendo de varias circunstancias el pie apoyará primero sobre una determinada área de su superficie plantar y luego irá apoyando sucesivamente sobre mayores o menores superficies hasta terminar imprimiendo la huella que luego vemos. Este método, con respecto al de la huella estática, tiene la ventaja de hacer evidente la impresión de un apoyo en movimiento. Sin embargo, la huella no nos dice nada acerca de cómo se va resolviendo la sucesión de apoyos. Simplemente nos dice cual es su producto final. En la búsqueda de mejores métodos para estudiar la dinámica del apoyo, los biomecánicos idearon dispositivos en forma de planchas muy delgadas - sobre las que se puede correr - con sensores de fuerzas (que en principio solo medían fuerzas verticales, es decir perpendiculares al suelo y luego han evolucionado para poder medir fuerzas también en el plano horizontal, paralelas al suelo). Con estas planchas se puede conocer entonces no solo el área de contacto que va produciendo el pie o el calzado sobre el suelo sino también la distribución de fuerzas de ese apoyo. Dado que se pueden registrar estas fuerzas de manera continua se obtiene un "mapa" de fuerzas para cada instante del apoyo. Si bien la evolución de las fuerzas horizontales durante el apoyo también resultaría interesante para el análisis nos acotaremos al uso de las fuerzas verticales, también llamadas presiones, ya que ésta variable es más fácil de obtener y por lo tanto es más probable encontrarse con dispositivos que la puedan capturar. De este mapa de fuerzas del apoyo se pueden conocer cuales son los puntos de aplicación de las resultantes de las fuerzas, es decir aquellos puntos sobre los que se podría aplicar una fuerza única equivalente a la acción de todas que las que ocurren en un determinado momento. A estos puntos se los llama centros de presión y se pueden conocer para toda la secuencia del apoyo, desde que el pie inicia el contacto hasta que se despega del suelo. Al imprimir toda la secuencia de centros de presión obtenidos se puede trazar una línea que los una y observar así como se ha ido moviendo con el tiempo. Evidentemente el método de las planchas de fuerza supera al de la huella plantar dado que permite observar patrones dinámicos del apoyo con mayor riqueza, discriminación en el tiempo y en la magnitud de las fuerzas, favoreciendo la diferenciación de anomalías del apoyo que de otro modo no serían observables. En las ilustraciones se puede observar los resultados de distintas representaciones de éste método empleados para analizar la dinámica del apoyo con discriminación de fuerzas.

 

<<Ilustración  

Huella plantar con discriminación de presiones por colores. Los colores más "cálidos" ( amarillo, rojo) representan fuerzas más altas y los más "fríos" (azul, violeta) fuerzas más débiles.

<<Ilustración 

Imagen capturada y procesada por el aparato Footscanâ . La línea roja irregular y entrecortada es la sucesión de los centros de presión.

<<Ilustración

La misma huella plantar de la ilustración 1 pero en un gráfico de tres dimensiones. De esta forma se puede observar no solo por colores sino también por la altura de las áreas la magnitud de las fuerzas del apoyo.

 

Una aplicación muy útil del uso de estos métodos es la determinación del tipo de apoyo inicial que hace el corredor. Simplificando, los corredores pueden producir tres tipos distintos de contacto inicial con el suelo, con el talón, con la zona media de la planta o con la zona frontal de la misma. Si tomamos la longitud total del pie y la subdividimos en tres partes iguales tendríamos delimitados tres zonas del área de apoyo plantar completa. Si el primer centro de presión hallado se encuentra en la primera de estas zonas (la que contiene al talón) diremos que el corredor produce un apoyo inicial de talón; si ese primer centro de presión se encuentra en la segunda zona, diremos que produce un apoyo inicial medio; y finalmente, si el primer centro de presión se localiza en la zona frontal, entonces el corredor tiene como característica un apoyo inicial metatarsiano. La caracterización del modo en que el corredor resuelve el apoyo inicial puede brindar información básica para la elección del calzado ya que por regla general los distintos individuos necesitarán mejores sistemas de amortiguación en las zonas de su anatomía en donde aterrizan. Por último, podría cuestionarse el tratamiento de estos métodos, dada la práctica inaccesibilidad que tendría el corredor del común a este tipo de dispositivos. Los hemos incluido por dos razones, primero: porque es importante conocer mejor algunos aspectos teóricos de cómo funciona un pie en carrera para progresar en la comprensión de su funcionamiento y segundo: porque, aunque no es común, existe la posibilidad de encontrarse con aparatos que hagan este análisis (hace algunos años mediada a través de un importante fabricante de calzado deportivo y últimamente se ha podido ver en nuestro medio la aparación de aparatos con parecidas capacidades en ciertos servicios de ortopedia). Estos métodos, formas más sofisticadas del de la huella plantar estática, siguen sin dar respuesta, sin embargo, a lo que ocurre durante el movimiento de apoyo en carrera desde otros puntos de vista, por lo que utilizarlo en forma exclusiva para determinar la elección del mejor calzado deportivo para un individuo puede ser un error. Es información que suma, y debe cotejarse contra otras observaciones.

Bibliografía

Miller, Doris I.; Ground reaction forces en Biomechanics of distance running (Ed. Peter R. Cavanagh); Human Kinetics Publishers; Champaign, IL; 1990; 203-224.

Hennig, Ewald M., Milani, Thomas L.; In shoe pressure distribution for running in various type of footwear; Journal of Applied Biomechanics, 1995; 11; 299-310.

 


Nota FCmax: Por consultas al autor sobre éste u otros temas publicados Alberto Cabaleiro por favor comunicarse al TE: 011- 4542-5925 o por e-mail a: actraining@arnet.com.ar

Alberto Cabaleiro (41) es Entrenador de Atletismo con sobrada experiencia en la enseñanza de la actividad y eximio atleta. PR Maratón: 2:37:41

 

 


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