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EL CALZADO IDEAL (II)
Por Alberto
Cabaleiro
Parte
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5
A riesgo de ser simplistas podríamos
clasificar a los corredores desde dos orígenes. Aquellos
que prácticamente nacen sabiéndose corredores y otros
que, un incierto día de sus vidas, ya adolescentes o
adultos, descubren que aman esta aparentemente monótona
y repetitiva actividad de correr. Para los primeros el
correr es algo a veces hasta más natural que caminar.
Cuando niños todos sus desplazamientos se resuelven
corriendo y el acto les brota del cuerpo casi con tanta
urgencia como el impulso del hambre. Es un hambre de
correr, de un movimiento que les hace sentirse
ilimitadamente libres. Dichosos aquellos que asomaron
sus primeros años al mundo viviéndose con la pujanza de
animalitos salvajes. En los demás, quizá en todos,
existe naturalmente este impulso, pero si la cultura no
lo propicia o si se interponen enfermedades, economías
de supervivencia u otras calamidades por el estilo, a
veces resulta demorada su manifestación hasta bien
avanzada la vida.
Como sea que una persona se descubra
corredora, un buen día lo hace y se ve enfrentada con
todo un mundo nuevo. Toma contacto con otros que
comparten su pasión y va comprobando, para su asombro,
que lo que parece un deporte obvio sin embargo tiene
algunas particularidades que vale la pena considerar
para avanzar en él de la mejor manera. Una de las
primeras noticias que registra es que para correr bien y
sin mayores contratiempos hace falta contar con un buen
calzado. Un calzado que a diferencia del que venía
usando en su natural ignorancia, esté específicamente
diseñado para esta actividad. En un rincón quedarán
archivadas las viejas zapatillas de tenis o de volley o
de lo que fuera para dar entrada triunfal al soberano
calzado de "running" (por favor, mejor digamos de correr
ya que nuestro idioma nos lo permite y nadie nos obliga
a entregar nuestra soberanía lingüística tan
gratuitamente). Y allá va nuestro neófito personaje, con
su fácil o difícilmente ganado dinero dispuesto a
transformarlo en el ahora necesitado producto. ¿Pero que
se encuentra? Es doloroso decirlo, pero 99 de cada 100
veces se hallará frente a alguien que trata de venderle
antes que aconsejarle y aún en el improbable caso de que
quieran aconsejarle para la mejor compra quien lo
intente adolecerá de conocimientos suficientes como para
hacerlo con un mínimo de racionalidad y éxito.
Consecuencia: solo con mucha suerte, es decir por azar,
se llevará el calzado que se adecue a sus necesidades.
Vaya este pedido, y más que pedido un ruego, para los
administradores de locales de venta de calzado
deportivo: por favor, instruyan a su personal de ventas
para que además de vender mucho puedan hacerlo bien.
Quizá estos modestos escritos puedan, así como mucha
otra información disponible, aportar a una mejor
preparación de aquellos que son el contacto final entre
la industria del calzado deportivo y quienes demandan
sus productos con la esperanza de obtener lo mejor por
su dinero.
La dinámica funcional del pie
durante el apoyo en carrera
Si bien el método de la huella plantar
entrega buena información acerca de cómo resuelve una
persona sus apoyos sobre el terreno de ninguna manera
agota las posibilidades en cuanto a los medios que
existen para aproximarse a un diagnóstico preciso del
funcionamiento del pie en carrera. Debido a que la
huella plantar es solo una imagen negro sobre blanco del
apoyo de los pies sobre el terreno en posición parado
solo puede ofrecer una idea de la estática de los
apoyos, es decir de los apoyos mientras la persona está
quieta. Pero nada nos dice acerca de la dinámica de los
apoyos, o sea, como se comporta el pie durante la fase
de sostén y empuje en carrera.
Existen otros métodos que nos permiten
conocer mejor el comportamiento dinámico del pié desde
que toma contacto con el suelo hasta que lo abandona.
Uno de estos métodos es el de las fuerzas de contacto, o
más apropiadamente, fuerzas reactivas del terreno (GRF,
Ground Reaction Forces). Si hiciéramos pasar a una
persona corriendo sobre una superficie seca, limpia y
plana y la suela del calzado o su planta estuviera
impregnada con alguna sustancia que dejara marca –
podría ser agua, pintura o talco – obtendríamos una
huella de su pisada y podríamos observar el patrón de
apoyo, pero ya no desde una posición estática sino luego
del movimiento de la carrera. Sabemos, aún por simple
observación, que el pie no apoya sobre el terreno todo
el tiempo con la superficie completa que deja la huella.
Esa huella sería el producto final de toda la secuencia
de apoyos que se fue dando desde que el pie tomó
contacto con el suelo hasta que lo abandonó. Dependiendo
de varias circunstancias el pie apoyará primero sobre
una determinada área de su superficie plantar y luego
irá apoyando sucesivamente sobre mayores o menores
superficies hasta terminar imprimiendo la huella que
luego vemos. Este método, con respecto al de la huella
estática, tiene la ventaja de hacer evidente la
impresión de un apoyo en movimiento. Sin embargo, la
huella no nos dice nada acerca de cómo se va resolviendo
la sucesión de apoyos. Simplemente nos dice cual es su
producto final. En la búsqueda de mejores métodos para
estudiar la dinámica del apoyo, los biomecánicos idearon
dispositivos en forma de planchas muy delgadas - sobre
las que se puede correr - con sensores de fuerzas (que
en principio solo medían fuerzas verticales, es decir
perpendiculares al suelo y luego han evolucionado para
poder medir fuerzas también en el plano horizontal,
paralelas al suelo). Con estas planchas se puede conocer
entonces no solo el área de contacto que va produciendo
el pie o el calzado sobre el suelo sino también la
distribución de fuerzas de ese apoyo. Dado que se pueden
registrar estas fuerzas de manera continua se obtiene un
"mapa" de fuerzas para cada instante del apoyo. Si bien
la evolución de las fuerzas horizontales durante el
apoyo también resultaría interesante para el análisis
nos acotaremos al uso de las fuerzas verticales, también
llamadas presiones, ya que ésta variable es más fácil de
obtener y por lo tanto es más probable encontrarse con
dispositivos que la puedan capturar. De este mapa de
fuerzas del apoyo se pueden conocer cuales son los
puntos de aplicación de las resultantes de las fuerzas,
es decir aquellos puntos sobre los que se podría aplicar
una fuerza única equivalente a la acción de todas que
las que ocurren en un determinado momento. A estos
puntos se los llama centros de presión y se pueden
conocer para toda la secuencia del apoyo, desde que el
pie inicia el contacto hasta que se despega del suelo.
Al imprimir toda la secuencia de centros de presión
obtenidos se puede trazar una línea que los una y
observar así como se ha ido moviendo con el tiempo.
Evidentemente el método de las planchas de fuerza supera
al de la huella plantar dado que permite observar
patrones dinámicos del apoyo con mayor riqueza,
discriminación en el tiempo y en la magnitud de las
fuerzas, favoreciendo la diferenciación de anomalías del
apoyo que de otro modo no serían observables. En las
ilustraciones se puede observar los resultados de
distintas representaciones de éste método empleados para
analizar la dinámica del apoyo con discriminación de
fuerzas.
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<<Ilustración
Huella plantar con
discriminación de presiones por colores. Los colores más
"cálidos" ( amarillo, rojo) representan fuerzas más
altas y los más "fríos" (azul, violeta) fuerzas más
débiles. |
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<<Ilustración
Imagen capturada y
procesada por el aparato Footscanâ . La línea roja
irregular y entrecortada es la sucesión de los centros
de presión. |
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<<Ilustración
La
misma huella plantar de la ilustración 1 pero en un gráfico de tres
dimensiones. De esta forma se puede observar no solo por colores sino
también por la altura de las áreas la magnitud de las fuerzas del
apoyo. |
Una aplicación muy útil del uso de
estos métodos es la determinación del tipo de apoyo
inicial que hace el corredor. Simplificando, los
corredores pueden producir tres tipos distintos de
contacto inicial con el suelo, con el talón, con la zona
media de la planta o con la zona frontal de la misma. Si
tomamos la longitud total del pie y la subdividimos en
tres partes iguales tendríamos delimitados tres zonas
del área de apoyo plantar completa. Si el primer centro
de presión hallado se encuentra en la primera de estas
zonas (la que contiene al talón) diremos que el corredor
produce un apoyo inicial de talón; si ese primer centro
de presión se encuentra en la segunda zona, diremos que
produce un apoyo inicial medio; y finalmente, si el
primer centro de presión se localiza en la zona frontal,
entonces el corredor tiene como característica un apoyo
inicial metatarsiano. La caracterización del modo en que
el corredor resuelve el apoyo inicial puede brindar
información básica para la elección del calzado ya que
por regla general los distintos individuos necesitarán
mejores sistemas de amortiguación en las zonas de su
anatomía en donde aterrizan. Por último, podría
cuestionarse el tratamiento de estos métodos, dada la
práctica inaccesibilidad que tendría el corredor del
común a este tipo de dispositivos. Los hemos incluido
por dos razones, primero: porque es importante conocer
mejor algunos aspectos teóricos de cómo funciona un pie
en carrera para progresar en la comprensión de su
funcionamiento y segundo: porque, aunque no es común,
existe la posibilidad de encontrarse con aparatos que
hagan este análisis (hace algunos años mediada a través
de un importante fabricante de calzado deportivo y
últimamente se ha podido ver en nuestro medio la
aparación de aparatos con parecidas capacidades en
ciertos servicios de ortopedia). Estos métodos, formas
más sofisticadas del de la huella plantar estática,
siguen sin dar respuesta, sin embargo, a lo que ocurre
durante el movimiento de apoyo en carrera desde otros
puntos de vista, por lo que utilizarlo en forma
exclusiva para determinar la elección del mejor calzado
deportivo para un individuo puede ser un error. Es
información que suma, y debe cotejarse contra otras
observaciones.
Bibliografía
Miller, Doris I.; Ground reaction
forces en Biomechanics of distance running (Ed. Peter R.
Cavanagh); Human Kinetics Publishers; Champaign, IL;
1990; 203-224.
Hennig, Ewald M., Milani, Thomas L.;
In shoe pressure distribution for running in various
type of footwear; Journal of Applied Biomechanics, 1995;
11; 299-310.
Nota FCmax: Por
consultas al autor sobre éste u otros temas publicados
Alberto Cabaleiro por favor comunicarse al TE: 011-
4542-5925 o por e-mail a:
actraining@arnet.com.ar
Alberto Cabaleiro (41)
es Entrenador de Atletismo con sobrada experiencia
en la enseñanza de la actividad y eximio atleta. PR
Maratón: 2:37:41
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